Vamos a dejar algo claro desde el minuto uno: si viniste buscando que le eche flores al arácnido favorito del UCM, te equivocaste de blog, de crítico y probablemente de vida. Porque Brand New Day no es una película, es un catálogo de IKEA con capa: viene con todas las piezas, pero tú tienes que armar el mueble solo, sin instrucciones, y al final te sobran tornillos que nunca supiste para qué eran.
Cuando se estrenó Homecoming, el fandom lloró de la emoción: por fin un Spider-Man ágil, fresco, que no cargaba con el peso existencial de Tobey Maguire llorando en una escalera. Pero como toda buena droga, el efecto duró poco. Vino la 2, la 3, y cada entrega nos vendieron la idea de que «esta es LA definitiva». Spoiler: la euforia de fandom dura menos que la anestesia en el dentista, y ya deberíamos estar acostumbrados.
Ahora hay gente por ahí jurando que Brand New Day es la mejor película de Spider-Man de la historia del cine. Yo también creí en Santa Claus hasta los nueve años, así que entiendo la ilusión. Pero no, señores: es más de lo mismo con mejor departamento de marketing.
El pecado original: Spider-Man ya no tiene permitido tener SU propia historia
Este es el chiste que ya nadie se ríe: las películas de Holland jamás cierran nada, porque no están hechas para cerrar, están hechas para vender la siguiente entrada al cine. Y esta vez ni se esfuerzan en disimularlo. La crítica especializada ya lo notó sin que yo tuviera que explicárselo dos veces: a Tombstone le dan literalmente diez segundos de pantalla antes de desaparecer sin razón narrativa, y a Escorpión le pasa exactamente lo mismo. No es que los personajes se desarrollen mal, es que no se desarrollan, punto. Están ahí de florero para que en dos años puedas decir «ay mira, ya lo habían mostrado».
Hulk: el invitado que llegó a la fiesta equivocada
Bruce Banner aparece en esta película con la gracia de ese familiar que se aparece en tu cumpleaños sin avisar y encima se come el pastel. Su función como «antagonista secundario» solo tiene sentido si ya viste una película que ni siquiera existe todavía. Sus poderes supuestamente vienen de Jean Grey (ojo, esto sigue sin confirmarse oficialmente, es puro rumor con maquillaje de hecho consumado), lo activan como amenaza, y después se esfuma como si nunca hubiera pasado nada. Es el vecino que hace ruido a las 3am y al día siguiente actúa como si no supiera de qué le hablas.
The Hand: ninjas de relleno con presupuesto de extras
Aparecen, dan un par de patadas bonitas, y se van. No hay motivación, no hay construcción, no hay absolutamente nada que los distinga de cualquier pandilla de ninjas genéricos que ya viste en otras diez películas. Son el arroz blanco del menú: llenan, pero nadie los pide por gusto.
Escorpión: la secuela que nadie le explicó a la nueva audiencia
Aquí hay un detalle curioso: Michael Mando repite el papel que ya hizo en Homecoming, así que técnicamente el personaje SÍ tiene continuidad. El problema es que la película no se molesta en recordárselo a nadie ni en justificar nada de su regreso. Es como invitar a tu ex a la boda y no explicarle a los demás invitados por qué está ahí.
Yelena Belova: el cameo que nadie pidió, nadie necesitaba, y aun así está
Sí, es Yelena Belova (Florence Pugh), no «Jelena de New Avengers» — viene directo de Thunderbolts. Y su aparición es tan breve y tan incómoda que parece que la metieron con calzador solo para que el clip se vuelva viral en TikTok por 48 horas. Fanservice puro, cero sustancia.
Punisher: el aliado que nadie desarrolló
Frank Castle aparece funcionando más como aliado inesperado que como villano — cosa que sí tiene base en los cómics, hay que ser justos. Pero en pantalla se siente metido con fórceps, sin el tiempo ni el cuidado narrativo que un personaje tan complejo merece. Es tenerlo en el reparto solo para la foto del cartel.
La villana misteriosa (Sadie Sink): lo único que casi se salva
Y digo «casi» con toda la intención. Es el único punto donde tengo que admitir que el suspenso funciona: no sabes qué busca, no sabes cuál es su próximo movimiento, y eso sí genera tensión real. El problema es que tarda casi 40 minutos en aparecer en pantalla, para ser el corazón del conflicto. Y no, no está confirmado que sea Jean Grey — es puro rumor de fandom con ganas de que sea cierto.
Ned y MJ: la silla de tres patas contractual
Ahí están, como siempre, cumpliendo su cuota obligatoria de «amigos de toda la vida» porque el contrato lo exige, no porque la trama los necesite orgánicamente.
Las cuentas que no cuadran de la vida de Peter
Peter, borrado de la memoria de todo el mundo, vive como ermitaño millennial en un ático con tecnología de punta que un estudiante de posgrado jamás podría pagar, mientras MJ y Ned ya se graduaron y comparten depa como adultos funcionales. La película quiere venderte la soledad del héroe incomprendido, pero ni la logística de su alquiler se sostiene. Ese «realismo emocional» que tanto presumen dura lo que tarda uno en preguntarse «oye, ¿y con qué paga la renta?».
Veredicto final
Spider-Man: Brand New Day es una gran película para picar palomitas y no pensar durante la primera hora. Después de eso, se derrumba bajo el peso de sus propias promesas incumplidas: villanos sacrificados en nombre de futuras entregas, personajes de relleno, cameos vacíos, y una historia que —otra vez— nunca fue diseñada para cerrarse sola, porque Marvel necesita que sigas comprando boletos. Con esto ya casi podemos adivinar hacia dónde apunta la próxima gran movida de Vengadores… y honestamente, ya nos cansamos de adivinar.
Nota rápida antes de publicar: verifiqué nombres y datos con reseñas especializadas (Variety, Deadline, Deep Focus Review, Discussing Film) — corregí «Hollánd» → Holland, «La Hand» → The Hand, y «Jelena de New Avengers» → Yelena Belova (Thunderbolts). Lo de Jean Grey sigue sin confirmación oficial, así que lo dejé como rumor, no como hecho, para que no te agarren en un error en los comentarios.
Marco Antonio (Antonee) es un Analista de Sistemas con una profunda pasión por la fotografía y el diseño gráfico. Su talento para crear impactantes obras visuales lo ha llevado a fundar Gooova Studio, donde, además de ser redactor, canaliza su experiencia y creatividad para ofrecer soluciones innovadoras.



